La autoestima es una experiencia subjetiva que nos condiciona a la hora de enfrentarnos con nuestro entorno. Lo hace porque interfiere directamente en nuestra relación con las demás personas y con aquellos retos u objetivos que nos vayamos marcando. Condiciona nuestras elecciones, nuestros límites, la manera en como tratamos a los demás y condiciona también la ambición que tendremos a la hora de plantearnos nuevas metas y propósitos.

Cuando nuestra autoestima es fuerte, todo lo vivimos mejor. Nos sentimos más a gusto con nosotros mismos, disfrutamos más de lo positivo de nuestra vida y no nos paralizan los retos o los cambios inesperados y dificultades que el día a día nos ponga en el camino.

Por el contrario, cuando no tenemos una baja autoestima todo se vuelve gris y nuestro camino se trasforma en una dificultosa y muy inclinada cuesta. Aparecen las dudas, las inseguridades, los miedos, las comparaciones, los sentimientos de inferioridad y todos esos fantasmas que nos bloquean, nos paralizan o nos llevan a acabar renunciando a nuestros sueños más deseados. Si nos paramos a pensar podemos darnos cuenta que la mayoría de las dificultades con las que nos encontramos habitualmente tienen su origen en una autoestima deficiente. Pero, ¿Qué es la autoestima? La autoestima se forma a partir de dos pilares principales:

  • Sentirnos capaces
  • Sentirnos valiosos

Son dos ingredientes indispensables para que podamos construir un autoconcepto positivo o para que podamos recuperarlo. Es decir, la opinión que tendremos sobre nosotros mismos dependerá de lo capaces y valiosos que nos sintamos en nuestra vida. En función de cómo se vea y se sienta una persona consigo misma en cada momento, se va a relacionar con los demás y con los acontecimientos de una manera u otra.

 

La adolescencia en una de las etapas de la vida en las que la autoestima de la persona es más cambiante. Hay muchas señales a través de las que podemos interpretar cual es la autoestima de un adolescente:

  • Caminan o están la mayor parte del tiempo con la cabeza baja mirando al suelo, como si quisiera esconderse o desaparecer.
  • Evitan el contacto visual al hablar.
  • Cuando hablan, utilizan con frecuencia frases negativas sobre sí mismos: “Nunca podré hacerlo”, “No sirvo”, “No soy capaz”, “Siempre lo hago mal”, etc.
  • Hablan mal de los demás: criticar o hablar mal de otros es una clara señal, tanto en adolescentes como en adultos, de tener una baja autoestima.
  • Tienen reacciones muy exageradas, dramatizan para llamar la atención de los demás.
  • Algunos de ellos (también pasa en los adultos) siempre están explicando sus proezas y haciendo saber a los demás lo buenos que son. Esto es algo que hacen para convencerse a sí mismos.
  • A menudo hablan o reaccionan de manera agresiva, especialmente con los padres, que es con quien tienen más confianza y quienes saben que no les va a abandonar, pase lo que pase.
  • Evitan situaciones en las que tengan que relacionarse a nivel social. Al sentirse poco adecuados, no quieren mostrarse o tener que esforzarse ante los demás.

 

Pautas básicas para ayudar a un adolescente a reforzar su autoestima:

  • En primer lugar, hay que entender lo que le está  sucediendo. Tenemos que conocer bien al adolescente y fijarnos en que aspectos de sí mismo se siente especialmente capaz, importante o seguro y comprender por qué está mostrando signos de baja autoestima. Hay que detectar qué es lo que está fallando, qué ha sucedido para que se produzca este cambio.
  • Es muy importante tener un ambiente estable y el apoyo a nivel familiar. Cuando comenten errores, es básico que nos sentemos con ellos y les prestemos nuestro apoyo para ver dónde se han equivocado, que asuman sus errores y encuentren con nuestra colaboración la manera de solucionarlo. Ayudarlos a resolver sus errores y problemas es una manera muy eficaz y necesaria para que construyan una autoestima saludable.
  • Reconocer sus logros. Es muy importante que estemos pendientes de todo aquello que consiguen, los riesgos a los que se enfrentan y las dificultades que atraviesan con éxito, para reconocérselo.
  • Vigilar nuestras palabras, aquello que le decimos al adolescente. Los adolescentes son especialmente sensibles a los comentarios o valoraciones que los adultos hacen de ellos.

 

 

Referencia: Silvia Congost (2015). Autoestima automática. Zenith

 

Publicaciones Relacionadas