Frecuentemente, el bullying permanece invisible para los padres y madres, aun para los más atentos y sensibles, porque tiene lugar en el ámbito escolar y, por miedo o pena, los niños y niñas son reacios a hablar del asunto. Prevalece una especie de “ley del silencio” alrededor del tema que no es fácil romper. Conocer el problema es el primer paso para detenerlo.

¿Qué entendemos por bullying? Es agredir o humillar a otra persona de manera repetida. Algunas formas de bullying son insultar, divulgar rumores, herir física o emocionalmente, ignorar a alguien. Puede darse en persona (en el centro educativo, en la calle, en el autobús, etc.), o por escrito (a través del móvil, en las redes sociales, etc.) Para distinguir las situaciones de acoso de las “bromas” entre compañeros, atendemos a las siguientes características:

  • Intencionalidad en la agresión, sea física, verbal o virtual.
  • Desequilibrio de poder de orden físico, psicológico o social, entre el acosado y el acosador.
  • Repetición de la agresión a lo largo de un tiempo y de forma constante contra la víctima y sin motivo alguno.

¿Quiénes suelen ser víctimas del bullying? Suelen ir a por los niños y niñas más vulnerables; normalmente a por aquellos que son diferentes ya sea porque no usan ropa de moda, porque forman parte de una minoría social o racial, porque se están desarrollando y parecen ser torpes con su cuerpo, porque tienen sobrepeso o algún rasgo físico característico, porque presentan alguna discapacidad o porque son más estudiosos o muy tímidos.

¿Quién se ve afectado en el bullying? No solo afecta a los niños y niñas que son atacados, también daña a los testigos cercanos, especialmente si ellos y ellas no saben qué hacer al respecto.

¿Puede ser que mi hijo o hija sea víctima de bullying? En numerosas ocasiones, los padres, madres, o cuidadores de las víctimas son los últimos en enterarse de que su hijo está sufriendo el acoso de sus compañeros. Suele permanecer en silencio por miedo o vergüenza y/o por no saber cómo actuar, ni a quién acudir en busca de ayuda. Los padres deben estar atentos a los siguientes aspectos:

  • Cambios en el comportamiento
  • Cambios de humor
  • Tristeza, llanto o irritabilidad
  • Pesadillas, cambios en el sueño y/o en la alimentación
  • Dolores corporales, dolores de cabeza, de estómago, vómitos
  • Pérdida o deterioro en forma frecuente de sus pertenencias escolares o personales, como lentes, cuadernos, mochila, y otros
  • Aparición de golpes, hematomas o rasguños. Ante la pregunta sobre el origen de los mismos, responde que se ha caído
  • Falta de deseos de salir o de relacionarse con sus compañeros y compañeras
  • Se niega a ir a excursiones o salidas de la escuela
  • Se niega, protesta o dice que está enfermo para faltar al colegio
  • Quiere ir acompañado a la salida o entrada de la escuela

¿Qué debemos hacer ante la sospecha de que sea víctima de bullying? Muchas veces los padres no saben cómo abordar los temas difíciles con sus hijos. Deben crear una atmósfera de confianza, en la que los hijos no sientan miedo de hacer libremente preguntas o comentarios sobre situaciones que viven y les preocupan. Los hijos sólo se acercarán buscando respuesta si sienten que están abiertos a sus preguntas y necesidades. Por tanto, los padres deberían:

  • Buscar momentos en los que padres e hijo estén disponibles para hablar (si se nota algún cambio en su comportamiento o una señal física; aprovechando alguna noticia que haya salido en la televisión o redes sociales para comentarla en familia; durante la cena como hábito familiar en el que cada miembro cuenta cómo le ha ido su día)
  • Escuchar atentamente lo que el hijo relata evitando juicios de valor
  • Felicitar al hijo por su valentía al hablar sobre lo que le está ocurriendo
  • Averiguar todo lo que puedas sobre las tácticas de molestia o intimidación que están usando contra tu hijo
  • Establecer un lazo de empatía con tu hijo, transmitiéndole que no es su culpa, que ha tenido mucho coraje de decírselo, preguntándole qué cree que puedes hacer para ayudarle y asegurándole que pensarás qué necesita hacerse y que le harás saber cómo planea actuar
  • Tener claro que si tu hijo lo comparte, significa que la situación le afecta mucho
  • Nunca le digas a tu hijo que ignore la molestia o intimidación
  • No fomentar las represalias físicas ni de ningún tipo como solución ya que responder con violencia solo agravaría más la situación
  • Controla tus emociones, aunque parezca difícil debemos saber poner distancia emocional y actuar reflexionando
  • Establecer contacto con la escuela para informar e informarse de lo que puede estar sucediendo

 

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