Cuando un niño o adolescente pasa horas hiperconectado, su cerebro se acostumbra a una estimulación rápida y constante. Esto genera un impacto directo en su día a día escolar y familiar que va mucho más allá de una simple rabieta por apagar el móvil.

Cuando un niño o adolescente pasa horas hiperconectado, su cerebro se acostumbra a una estimulación rápida y constante. Esto genera un impacto directo en su día a día escolar y familiar que va mucho más allá de una simple rabieta por apagar el móvil.

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